Los terapeutas

Ana Benacer y Francisco Rodríguez
Ana Benacer y Francisco Rodríguez, los terapeutas reiki del centro.

Ana Benacer, mi madre, y yo, Francisco Rodríguez, solemos encargarnos de las terapias de reiki en el centro, labor a la que a veces se suma Francisco Miguel Ríos, Paco, aunque él está volcado esencialmente en la formación y en la investigación del apasionante mundo de la sanación energética. Mi madre lleva muchos años dedicados al reiki, hasta el punto, me atrevería a decir, de que fue una de las pioneras en Sevilla de esta práctica. Con el tiempo fue madurando su técnica tras su paso por diversas escuelas y maestros, hasta completar la maestría con Víctor Fernández en la FERP. También siente devoción por algunos maestros japoneses de reiki, que yo también comparto. Aquí ofrece cursos de reiki que facultan a los alumnos para alcanzar la maestría, tras un proceso de aprendizaje que puede durar en torno a un curso académico (nueve meses). Los combina con talleres opcionales de reiki, chikung y meditación.
En mi caso reconozco que la llegada al reiki se la debo a mi madre, pues en principio no sentía especial devoción hacia ella. Más tarde, con su práctica, fui comprendiendo que es mucho más que una terapia de sanación porque me condujo a un camino espiritual que se ha ido complementando con otras disciplinas, como la meditación, el mindfulness y el ho’oponopono, esencialmente. El reiki me ha cautivado porque es una terapia generosa que nunca falla, nunca perjudica, nos muestra siempre su fuerza a la vez que su simplicidad, y nos pone en contacto con la parte más espiritual de la otra persona, en un aprendizaje que nos retroalimenta continuamente. Lo recomiendo. No hace falta sentir ningún dolor, ninguna molestia. Me prestaría siempre a una sesión de reiki por el mero placer de sentir cómo nuestro ser se expande más allá de los límites corporales. Hay que probarlo.