Francisco Rodríguez
Como en muchos otros casos, el reiki supuso para mí una puerta de entrada a todo este mundo de la espiritualidad. El hecho de adentrarnos plenamente, con toda la quietud y presencia que ello requiere, en nuestra sutil dimensión energética, va ampliando poco a poco nuestro modo de entendernos y de comprender el mundo. También vamos comprobando con el día a día que esta energía puede ayudarnos y puede ayudar. Lo primero que proporciona, y ya es mucho, es calma, una calma distinta y más duradera. A partir de ahí viene o puede venir lo demás. Aunque hay muchas técnicas y herramientas asociadas al reiki, es tremendamente sencillo. Las palabras claves podrían ser confianza, intención, comprensión y amor. Con eso casi que se resume la terapia o el curso. También hay que prevenir sobre las expectativas: no es nada espectacular, requiere paciencia y confianza. Pero los resultados terminan por llegar, a veces de forma inmediata y otras de manera sutil. Parece algo mágico, pero en realidad todo es sencillo y natural. Lo recomiendo.

Ana Benacer
Ana Benacer es una auténtica veterana del reiki, disciplina que le llevó a fundar este centro en 2013, tras muchos años de práctica terapéutica en otros enclaves. Formada esencialmente con Víctor Fernández en la FERP, siente también especial devoción por maestros japoneses como Tadao Yamaguchi, de quien también recibió sus enseñanzas. Ana ha hecho del reiki una forma de vida, un camino que ha querido compartir con otros en la formación que ofrecemos en el centro. Para ella el reiki es una vía de desarrollo personal, un puente que nos lleva a adentrarnos completamente en nuestra dimensión energética y espiritual, reconectándonos con nuestra esencia. Estas premisas están siempre presentes en su práctica terapéutica y en la formación del centro..